No soy más que una voz desbocada salida de las montañas: Óscar Oliva

  • El poeta ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores del Fonca, autor de los libros Estado de sitio, Trabajo ilegal, Lienzos transparentes e Iniciamiento: poesía reunida.



Ciudad de México, 05/01/17, (N22/Secretaría de Cultura).- Para el poeta chiapaneco Óscar Oliva (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 5 de enero, 1938) la poesía es una expresión a través de un lenguaje elaborado, capaz de expresar todos los sentimientos humanos no quedándose en uno solo, pues bien puede describir desde el movimiento de las hojas de un árbol cuando pasa una corriente de aire, hasta las grandes convulsiones sociales e históricas.

Los estudiosos han caracterizado a la poesía de Óscar Oliva como un testigo a su realidad. Para el creativo galardonado con el Premio Internacional de Poesía Ramón López Velarde en 2013, ser poeta consiste en observar y mirar no solamente con los ojos, también con la mente.

“Lo épico y lo lírico siempre deben ir tomadas de la mano, lo muy oscuro y lo muy claro, como decía José Lezama Lima, son dos ríos que se deben encontrar. Lo de siempre, tratar de expresar las pequeñas y grandes miserias del ser humano”, ha expresado Óscar Oliva.

Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura 1990, escribió en el prólogo de la antología Poesía en Movimiento (1966), que la obra de quien también ha fungido como director de la Biblioteca Emilio Rabasa del ICACH le recordaba poesía del francés Paul Éluard, no por el erotismo, sino por la limpidez: edificios verbales hechos de aire (…).

En la obra poética de Óscar Oliva, creada a lo largo de casi seis décadas, Chiapas aparece con toda su belleza pero a su vez con sus problemas económicos y políticos; él mismo ha expresado: no soy  más que una voz desbocada salida de las montañas.

“Chiapas es una parte importantísima de México. Mi poesía también señala diversos momentos del país, diversos momentos muy convulsos y por supuesto también sus alegrías que son mis alegrías, los gozos que son también mis gozos”, expuso el poeta en entrevista realizada en el marco de la presentación de su libro Iniciamiento. Poesía reunida, editada en 2015 con apoyo de la Dirección General de Publicaciones de la Secretaría de Cultura.

Óscar Oliva, quien celebra su cumpleaños número 79 este 2017, perteneció al grupo de poetas de La Espiga Amotinada, y es autor de una obra consistente que ha enriquecido las letras mexicanas. Ha escrito en torno a la realidad que proviene de la época revolucionaria, las movilizaciones y la migración.

Su obra aparece, entre otras antologías, en: Poesía en movimiento, Relámpago de plumas, y Antología poética, sobre su producción han escrito Efraín Huerta, Octavio Paz y Rosario Castellanos, y algunas de sus obras han sido llevadas a escena por el director teatral Germán Castillo y por la coreógrafa Cecilia Lugo.

En su casa de Tuxtla Gutiérrez, al nacer, compartió Óscar Oliva, solamente había un libro y un lector: El Quijote y su abuelo paterno. En el libro de Miguel de Cervantes Saavedra, dice, encontró un lenguaje sublime, encantador y transfigurado, que luego alimentó con lecturas de los poetas Antonio Machado, Federico García Lorca, Ramón López Velarde y Carlos Pellicer.

El gusto por la poesía lo llevó a formar parte del grupo denominado La Espiga amotinada, junto con Jaime Labastida, Eraclio Zepeda, Juan Bañuelos y Jaime Augusto Shelley, con quienes leyó a Pablo Neruda, Vicente Huidobro, César Vallejo y a José Gorostiza.

Eraclio Zepeda dijo en su momento que Chiapas es una  tierra de buenos poetas y en cada generación surge gente de gran talento. “En este estado, de forma individual ha habido buena obra y Óscar Oliva es magnífico ejemplo de un poeta internacional, con reconocimientos fuera de las fronteras y con una obra sólida”, manifestó el poeta respecto a su compañero.

Fue en 1960 cuando en el libro colectivo titulado igual que el grupo, La Espiga Amotinada apareció su primera obra: La voz desbocada, donde Chiapas se revela en un juego de contrastes marcados, entre otros aspectos, por la luz y la oscuridad.

En 1971, Óscar Oliva publicó Estado de sitio, con el que obtuvo el Premio Nacional de Poesía. En Trabajo ilegal, reunió su poesía escrito de 1960 a 1982, y que se consideró como su obra completa.

En el prólogo del libro de poemas La realidad cruzada de los rayos, Eduardo Casar señala que la poesía de Óscar Oliva eslabona en ocasiones secuencias conversacionales, que la emparentan con la corriente conversacional de la poesía latinoamericana sostenida por Ernesto Cardenal.

Agregó que otra característica de la poesía de Oliva es que es subrayadamente corporal. “Se trata de un poeta del cuerpo. Manos, articulaciones, labios y saliva; amputaciones, sangre, nervios y movimiento, aparecen siempre en sus poemas para redoblar su tangibilidad. Sus imágenes pueden, si quieren, no tener los pies en la tierra, pero siempre los tienen en alguna parte.

“Sus textos son texturas. El sujeto poético que se relaciona con la historia lo hace, en la poesía de Oliva, de cuerpo entero. Las relaciones que construye la palabra recobran aquí una sensibilidad que parecería más propia del canto, de la voz que vibra, que de la palabra escrita. Estructurando, integrando, la poesía de Oliva es una gran creadora de climas emotivos, de atmósferas sensibles”, anota.  

A Trabajo ilegal le siguieron Lienzos transparentes y Estratos, los cuales se encuentran reunidos en el volumen Iniciamiento, el cual da cuenta de la constante evolución en la obra de Óscar Oliva para quien la poesía es siempre experimentación.

En opinión de Óscar Oliva la historia de la poesía está marcada por cambios, a veces vertiginosos, a veces lentos, y en su obra, explica, ha querido de una manera no muy consciente, que estos cambios se vayan reflejando, “por eso salto de poemas muy complejos hasta abstractos, únicamente sonoros, de lenguaje, a poemas de una violencia verbal y una violencia carnal, de una violencia erótica y recogiendo también de la violencia de las calles”.

Describe que su poesía se sitúa en cada uno de los libros de distinta manera, porque la violencia está y ha existido desde que tiene conocimiento de la realidad, pero la ha tratado que en sus libros esa violencia se refleje de distinta manera, con un lenguaje distinto, porque si no haría una poesía acartonada, de copia a sí mismo.

En sus versos más recientes Óscar Oliva menciona el Internet, y en su parecer el poeta debe adentrarse en los avances de la ciencia, donde también existe poesía. “Los escritores tenemos que sumergirnos, rescatar y ver lo que pasa en esas aguas de la ciencia, aunque son muy oscuras como la propia poesía, qué es lo que podemos rescatar e incorporarla a nuestra poesía.

“En el siglo XXI debe pasar algo que conmocione a los lectores de poesía y a la poesía misma para crear una poesía abierta, abierta a todo, al caminar de una hormiga, abierta al conocimiento cada vez más grande que estamos obteniendo del universo, abierta a que los seres humanos somos seres que nos va a llegar también el olvido, gente que va a desaparecer; humanidad que en un momento determinado es posible que vaya deshaciéndose”.

En los tiempos actuales, manifiesta el poeta chiapaneco, es posible hacer una poesía planetaria, la cual llegue a todo mundo, que no sea una poesía para pequeñas élites, pequeños círculos, y procurar que llegue a todos, teniendo una muy buen herramienta: Internet.

“Si  la poesía junto con la ciencia y la filosofía se llegan a integrar en la educación de nuestros niños, de nuestros jóvenes, y de la gente adulta, es posible que hubiera una mayor reflexión, porque la poesía es eso también, un reflexionar desde un individuo, de lo que sucede en una realidad”, ha manifestado Óscar Oliva.

El poeta galardonado en 2012 con la Medalla Rosario Castellanos, estudió filosofía y letras en la Universidad Nacional Autónoma de México, e Historia universal en la Universidad Veracruzana.

Ha sido profesor de literatura en San Cristóbal de las Casas y en la Universidad Veracruzana; investigador en el Centro de Estudios Históricos de la Revolución en Veracruz y el Centro de Estudios Literarios de la UNAM.

Fue jefe del Departamento de Literatura del INBA, del Departamento de Cultura de la Dirección de Cultura y subdirector de Culturas Populares de la SEP, así como director de la Revista de Bellas Artes (segunda época).

Ha colaborado en las revistas y suplementos literarios Ateneo, Casa de las Américas, Cultura Sur, El Corno Emplumado, El Rehilete, Escarabajo de Oro, LAM, La Palabra y El Hombre, Letras Nuevas, México en la Cultura, Pájaro Cascabel, Prisma, Revista de Bellas Artes (segunda época), Revista Mexicana de Literatura, Revista Universidad de México, y Situaciones.

Su obra ha sido reconocida con los premios Enrique González Martínez (1969); Nacional de Poesía Aguascalientes por su libro Estado de sitio (1971); de Poesía del DDF (1981) y Premio Chiapas de Literatura por su aportación a la lírica de México, en 1990 el Premio Chiapas, y en 2013 el Premio Internacional de Poesía Ramón López Velarde. Fue Director General del Coneculta de 2001 a 2006.

Su poesía está grabada en la colección Voz Viva de México, y su obra publicada  comprende los libros La Espiga Amotinada (colectivo, 1960); Ocupación de la palabra Estado de sitio (1972); Trabajo ilegal, poesía 1960-1984 (1985); La realidad cruzada de rayos (1988); Antología poética (1998); Ecouter le monde/ Escuchar el mundo (2000) y Lienzos transparentes (2003).


Ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte del Fonca 1994, y 2008 – 2010. Actualmente radica en su ciudad natal Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

Imagen:Secretaría de Cultura
17AM

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